¿Por qué amarillean las hojas de mi planta y qué debo hacer?
Artículo para:Principiante y mataplantasAmante experimentado de las plantas
Resumen del artículo
- El amarilleamiento de las hojas es un fenómeno normal
- ¿Hay que cortar las hojas que se amarillean?
- Has regado demasiado
- A tu planta le falta agua
- El sustrato es demasiado pobre
- La exposición no es adecuada
- Hace frío
- Las hojas se amarillean por culpa de un parásito
- Preguntas frecuentes sobre las plantas y las hojas que se ponen amarillas
A algunos les angustia la idea de su primera arruga, otros temen sus primeras canas. Los adictos a las plantas, por su parte, viven con el miedo a que las hojas se pongan amarillas. ¿Tu begonia rex favorita tiene ictericia? Te ayudamos a identificar las causas y te explicamos cómo solucionarlo.
El amarilleamiento de las hojas es un fenómeno normal

Incluso en una planta sana, las hojas pueden amarillear. Foto de Quinn Dombrowski /Flickr
Antes de sacar la artillería pesada, asegúrate de que el amarilleamiento de las hojas no se deba al envejecimiento natural de la planta.
De hecho, incluso en las especies de hoja perenne, es normal que los limbos se pongan amarillos, se sequen y se caigan. Forma parte del desarrollo de las plantas. Al igual que las flores, las hojas se marchitan. Las más viejas mueren y dejan paso a otras nuevas.
Si tu planta tiene un limbo que se amarillea y luego no pasa nada más durante meses, no hay por qué alarmarse. Pero si en tu casa se acumulan hojas muertas a montones, entonces tienes un problema.
¿Hay que cortar las hojas que se amarillean?

Para evitar que se propaguen las enfermedades, limpia tus tijeras de podar antes de podar.
Cuando aparece una hoja amarilla, lo primero que se te ocurre es quitarla para mantener la planta bien verde y sana. Una vez secas, las hojas no van a recuperar su color natural. Ya no sirven de mucho. Puedes cortarlas con unas tijeras de podar limpias o quitarlas con la mano.
Pero, si las vas quitando sobre la marcha, es imposible saber cuántas hojas están afectadas y con qué frecuencia. Si dejas las hojas descoloridas en la planta al menos unas semanas, obtendrás pistas muy valiosas para entender por qué se amarillea el follaje y cómo solucionarlo.
Has regado demasiado

El exceso de riego es una cuestión de frecuencia, no de cantidad. Foto de Teona Swift/Pexels
El exceso de riego es la principal causa de que las hojas se pongan amarillas y se marchiten. Detrás de cada Monstera deliciosa descolorida suele esconderse un dueño un poco demasiado entusiasta. Para asegurarte, mete un dedo en la tierra. Si está húmeda o, peor aún, embarrada, ya sabes cuál es el problema. Y hay que actuar ya para que la planta no se muera.
De hecho, el exceso de agua reduce los niveles de nitrógeno y oxígeno en la tierra. Sin ellos, las raíces dejan de respirar. Acaban pudriéndose. Esto se nota en la superficie con hojas que se amarillean y se ablandan.
Si tu planta se está amarilleando por un riego demasiado abundante y demasiado frecuente, basta con dejarla tranquila hasta que se seque el cepellón. Solo tienes que vaciar el agua que se haya quedado estancada en el platillo o en la maceta decorativa. Pero si la tierra está muy empapada, es mejor trasplantarla. Elige una maceta con agujeros y pon en el fondo una capa de drenaje (bolas de arcilla, guijarros pequeños). Quita el sustrato empapado de las raíces y trasplántala a tierra nueva. Eso sí, realiza un primer riego para ayudar a que eche raíces.
¿Quieres evitar que se repita el desastre? Comprueba el nivel de humedad del sustrato antes de regar. Y, salvo que se indique lo contrario, usa siempre una maceta con agujeros. El agujero es fundamental para que se escurra el exceso de agua.
A tu planta le falta agua

Si tu planta tiene este aspecto, hay que actuar.
Las hojas que pasan de verdes a amarillas también pueden ser consecuenciade un riego insuficiente. Hay tres indicios que te permiten confirmar el diagnóstico:
- no te acuerdas de la última vez que sacaste la regadera;
- la tierra está completamente seca;
- la maceta pesa muy poco.
Cuando una planta tiene sed, ya no puede alimentarse bien. Se marchita, se pone amarilla, se seca y acaba muriendo. Una vez más, no esperes más para tomar medidas.
Lo más habitual es que baste con el riego por arriba para revivir a la pobre planta. Riega con agua sin cal a temperatura ambiente hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. Si el agua empieza a gotear enseguida, es que el sustrato se ha secado demasiado como para absorber el líquido. En ese caso, realiza el riego desde abajo. ¿Tu planta no consigue beber, ni siquiera por capilaridad? Recurre a medidas drásticas y sumerge su maceta en un recipiente lleno de agua a temperatura ambiente. Cuando desaparezcan las burbujas de aire, saca la planta y deja que se escurra.
Un riego abundante tras un periodo de sequía provoca que las hojas inferiores se pongan amarillas en algunas especies, como goeppertia rufibarba. No te preocupes, es algo temporal. Tu planta dejará de perder hojas y te sacará otras nuevas, bien verdes, en cuanto vuelvas a realizar un riego regular.
El sustrato es demasiado pobre

El trasplante se hace preferiblemente durante el periodo de crecimiento
El riego no es el único culpable. A veces, el follaje se amarillea porque el sustrato carece de nutrientes. En este caso, las hojas se vuelven más pálidas y la planta ralentiza su crecimiento. No produce nuevos brotes ni florece.
En tierra, las plantas tienen acceso a un suelo rico y fértil, que se renueva constantemente. En maceta, agotan los recursos de su sustrato al cabo de unos meses. Cuando no hay suficiente hierro o magnesio, el borde de las hojas pierde su color. El color amarillento se extiende poco a poco por todo el limbo y solo las nervaduras se mantienen verdes.
Hay dos soluciones para solucionar el problema. Durante el periodo de crecimiento, abona tu planta con un fertilizante adaptado a sus necesidades (aquí te explicamos qué tipo de fertilizante elegir). Si tu planta lleva dos o tres años sobreviviendo a duras penas en su maceta, regálale un sustrato nuevo mediante un trasplante o la renovación de la capa superior.
¡Pero cuidado con el exceso de abono! Provoca que las hojas se pongan marrones y se decoloren. Aquí tienes cuatro consejos para no caer en el exceso de fertilización:
- no abones una planta que esté en mal estado;
- respeta la dosis de abono indicada por el fabricante;
- no le eches abono durante el mes siguiente al trasplante;
- deja de abonar al final del periodo de crecimiento.
Para que tu planta no vuelva a sufrir carencias o enfermedades como la clorosis, abónala durante su fase vegetativa, que suele ser entre marzo y octubre. También realiza un trasplante cuando se quede pequeña. Cuando sea demasiado grande para sacarla de la maceta, basta con renovarle la tierra de la superficie una vez al año.
La exposición no es adecuada

Demasiado sol puede perjudicar a tu planta
Si eres un experto en el riego y no te has saltado ninguna fertilización, quizá el problema esté en la exposición. Una planta con falta de luz tiene las hojas amarillentas y descoloridas. Produce tallos largos, etoliados y desnudos. Los tallos marchitos y las hojas amarillentas son síntomas de un exceso de luz.
Las plantas necesitan sol, pero no todas requieren la misma cantidad. Comprueba la luz que necesita consultando la guía de cultivo en la aplicación Monstera. Aunque te recomendamos una exposición soleada, no pongas la maceta justo detrás de la ventana panorámica en pleno verano. Es mejor una ventana con luz tamizada por una cortina ligera.
¿Tu Maranta leuconeura estaba justo debajo de tu claraboya? Múvala unos metros para que quede en semisombra. ¿Tu Beaucarnea recurvata se está marchitando en un rincón de tu biblioteca? Acércala a tu puerta acristalada para que sus hojas dejen de amarillear. Incluso puedes llevarla a pasar el verano a tu jardín para que disfrute de la luz natural.
Algunas especies, como ficus benjamina, no aguantan bien los cambios. Un cambio de sitio, aunque sea de unos pocos metros, suele hacer que se caigan algunas hojas. ¡Pero que no cunda el pánico! Una vez que tu arbusto se haya acostumbrado a su nueva ubicación, volverá a crecer como de costumbre.
Hace frío

En invierno, la temperatura junto a una ventana mal aislada será más baja que en el resto de la habitación. Foto de Woodley Wonderworks / Flickr
Una ola de frío puede provocar que las hojas se pongan amarillas y se caigan. Cada planta tiene una temperatura de rusticidad, es decir, una temperatura mínima que aguanta sin problemas. Por debajo de esa temperatura, pierde las hojas. La mayoría de nuestras plantas de interior son variedades tropicales. Les gusta la temperatura de nuestras casas y no les gusta nada que el termómetro baje de los 15°.
Para saber si tu planta tiene hipotermia, comprueba que la temperatura de la habitación se ajusta a sus necesidades. Si tu Helecho nido de pájaro está en plena corriente de aire, cámbialo de sitio. Búscale un lugar protegido del frío y del calor. Los radiadores tienden a resecar el aire y a hacer que las hojas se pongan marrones.
Un último consejo: cuando ventiles en invierno, no dejes tu planta en la habitación. El choque térmico y las corrientes de aire podrían ser fatales para ella.
Las hojas se amarillean por culpa de un parásito

La decoloración de las hojas también indica una plaga. Foto de Scot Nelson / Flickr
No siempre eres tú el responsable de que el follaje se ponga amarillo. Los parásitos y los hongos también pueden ser los culpables. En ese caso, la decoloración viene acompañada de otros síntomas, como la deformación de las hojas o manchas marrones. Para demostrar que no tienes la culpa, examina tu planta en busca de manchas sospechosas, insectos, larvas y telas de araña.
Una vez que hayas pillado al culpable, examínalo con atención para decidir qué tratamiento aplicar. Si se trata de ácaros o moscas blancas, bastará con un poco de agua jabonosa. Pero si tu planta está infectada por un hongo, el problema requiere una solución más radical. Quita las hojas enfermas y ventila la habitación con más frecuencia para mejorar la circulación del aire.
Preguntas frecuentes sobre las plantas y las hojas que se ponen amarillas
¿Es normal que algunas hojas de mi planta se pongan amarillas?
Sí. El amarilleamiento puede deberse simplemente al envejecimiento natural de algunas hojas. Cuando una hoja llega al final de su vida, puede amarillear, secarse y luego caerse, sin que eso indique ningún problema. Sin embargo, si muchas hojas se amarillean o si el fenómeno afecta a hojas jóvenes, suele ser señal de un problema que hay que solucionar.
¿Puede el riego excesivo provocar que las hojas se pongan amarillas?
Sí. El exceso de riego es una de las principales causas de que las hojas se pongan amarillas y se marchiten. Si la tierra se queda húmeda (o incluso embarrada), las raíces se quedan sin oxígeno y ya no pueden nutrir a la planta como es debido. En ese caso, hay que dejar que el cepellón se seque, vaciar el agua estancada del platillo o trasplantarla a una maceta con agujeros y un sustrato que drene bien.
¿Cómo distinguir entre falta de riego y exceso de riego cuando las hojas se amarillean?
Si el sustrato está seco, es quebradizo, hay espacio entre la tierra y la maceta, y la maceta pesa poco, probablemente se trate de falta de agua. Por el contrario, si la tierra está húmeda, compacta o empapada, es señal de exceso de agua.
¿Cuáles son las causas de que las hojas se pongan amarillas?
Las hojas de una planta pueden amarillear de forma natural. Pero hay varios factores, relacionados con el cuidado que le das, que también pueden provocar que las hojas se pongan amarillas. Entre los más comunes, podemos mencionar: un riego inadecuado (demasiada o muy poca agua), parásitos (hongos o plagas), falta de nutrientes, una mala exposición (demasiada o muy poca luz) y una temperatura demasiado baja.